Hay ideas que nacen en una reunión, sobreviven dos o tres correcciones y terminan convertidas en campaña. Hay otras que mueren antes de alcanzar a transformarse en una presentación de PowerPoint. Y después están esas ideas que se niegan a desaparecer: quedan guardadas en algún cajón imaginario, acumulando polvo, esperando pacientemente que alguien vuelva a acordarse de ellas y que siempre están rondando. Primero fue esa idea del “jubila a tu viejo… deco” que logramos hacer y está en youtube.
Y había otra idea: hacer algo con Pedro Carcuro. Esa pertenecía a esa última categoría.
Había aparecido por primera vez unos cuatro años atrás, cuando Gustavo, el jefe máximo de Zapping, imaginó que Carcuro podía ser un gran rostro para Zapping. La combinación tenía sentido: una de las voces más reconocibles de la televisión y el deporte chileno junto a una marca que nació precisamente para cambiar la manera en que vemos televisión. Había historia, reconocimiento y una conexión evidente con ese ritual tan chileno de sentarse frente a la pantalla a sufrir, reclamar, celebrar y pedir la repetición de una jugada que todos vimos claramente… excepto el árbitro, obvio.

¡Era lógico! La idea estaba ahí. Era buena. Nos gustaba. Pero, por esas cosas que pasan en las empresas (prioridades, presupuestos, calendarios, otras campañas y probablemente algún maldito excel), nunca llegó a materializarse.
Así que se fue al cajón.
No a cualquier cajón, eso sí. Al cajón de las ideas que algún día podrían funcionar (como el mundial de corpóreos que lleva 4 años ahí esperando). Ese lugar donde uno guarda campañas, conceptos, ocurrencias que todavía no encuentran su momento. Y ahí quedó Carcuro. Guardadito, tranquilito, esperando su momento durante tres años, sin saber que algún día saldríamos corriendo a buscarlo.

El Mundial se terminaba y nosotros todavía no teníamos campaña
Avancemos rápidamente hasta 2026.
El Mundial estaba entrando en su recta final y, mientras medio planeta discutía formaciones, penales, goles anulados y cantábamos la canción de Haaland, en Zapping teníamos otro partido bastante importante por jugar: encontrar nuestra campaña para después del torneo.
El problema era pequeño, minúsculo, una cosa insignificante: ¡teníamos el tiempo completamente en contra!
Necesitábamos una idea que fuera entretenida, reconocible y capaz de funcionar apenas se acabara la fiesta futbolera. Algo que nos permitiera seguir hablando de televisión y fútbol, pero que también marcara el comienzo de una nueva etapa (incluido rebranding, pero da para otro blog). Así que el equipo de Marketing y La Campañería se encerró a hacer lo que cualquier equipo creativo hace cuando necesita resolver algo urgentemente: ̶C̶o̶m̶e̶r̶ ̶p̶i̶z̶z̶a̶s̶ lanzar ideas a lo maldito, entusiasmarse con algunas, descartar otras y preguntarse en voz alta si aquello que acabábamos de decir era brillante o una completa estupidez.
Entre todos esos picheos, apareció nuevamente un nombre:
DON Pedro Carcuro.

De pronto, esa idea que había sido pensada tres años antes parecía más coherente que nunca. No había que inventar algo desde cero. Había que sacar esa propuesta que llevaba años esperando su oportunidad.
La desempolvamos, la pusimos sobre la mesa y, entre todas las alternativas que se estaban discutiendo, fue la ganadora.
Carcuro finalmente, ocupando la jerga apropiada, entraba a la cancha.
Un WhatsApp, una llamada y una reunión
Lo normal habría sido preparar un correo formal, buscar un representante, mandar una presentación, esperar varios días y comenzar una larga cadena de mensajes con asuntos como “RE: RE: RE: Propuesta comercial Zapping”.
Pero acá en Zapping todo ocurre de una forma que no es taaaaaan normal.
En medio de esa misma reunión, nuestra Javi (una potra) se consiguió el teléfono de Pedro y le escribió por WhatsApp. La intención era probablemente presentarse, contarle brevemente de qué se trataba y pedirle algún correo para enviarle más información. Un avance pequeño, ordenado y completamente adaptado a los códigos de comunicación del siglo XXI… quizás terminar con un sticker simpático.
Pedro, sin embargo, respondió al estilo de la vieja escuela, de esas personas que ya no quedan:
La llamó. UN CA-BA-LLE-RO.

Nada de intercambiar quince mensajes. Nada de audios de seis minutos. Nada de dejar el WhatsApp en visto durante tres días para después responder con un pulgar arriba. Sonó el teléfono, Javi salió de la reunión para contestar y, mientras el resto seguíamos adentro sin saber exactamente qué estaba pasando, comenzó a gestarse de verdad la campaña.
Cuando volvió, ya había una reunión presencial coordinada.
Nos juntaríamos con Pedro en el Mestiere, su café regalón, ese lugar donde suele tener reuniones y donde probablemente ya saben lo que toma incluso antes de sentarse.
Lo que minutos antes era solamente una idea rescatada desde un cajón acababa de convertirse en una conversación real.
Y todo había ocurrido durante la misma reunión.
Un café “morrocotudo”

Llegó el día del encuentro y fuimos al Mestiere con una misión bastante clara: contarle qué era Zapping, explicarle la campaña y convencerlo de que esta idea tenía sentido tanto para nosotros como para él.
Por supuesto, Pedro no iba a poner su nombre en algo que no conociera. Así que, además de hablarle de la marca, le mostramos cómo funcionaba el servicio y le entregamos una cuenta para que pudiera conocer Zapping desde su propia experiencia. Porque una cosa es escuchar que una aplicación permite ver televisión por internet y otra muy distinta es comprobarlo uno mismo.
La conversación fluyó. Nosotros le mostramos la propuesta, le contamos lo que queríamos construir y él comenzó a entender por qué llevábamos tanto tiempo imaginándolo como rostro de la marca. De pronto, aquella idea estaba sentada con nosotros, tomando café y preguntando por los detalles.
Después del desayuno enviamos formalmente la oferta. Pedro tendría el fin de semana para analizarla, conversarla y decidir si quería sumarse.
Aunque decir que tenía “el fin de semana” puede sonar demasiado generoso considerando la velocidad con la que estaba avanzando todo. Si aceptaba, la campaña se grabaría apenas cuatro días después.
El sábado por la tarde llegó la respuesta…
Pedro aceptaba.
Quizás ayudó que ya hubiera conocido Zapping. Quizás, en medio de esa atmósfera futbolera que se vivía en todas partes, la propuesta tenía todavía más sentido. O quizás simplemente entendió que esta campaña reunía varias cosas que han marcado su carrera: televisión, fútbol, conversación y una manera distinta de conectarse con las personas.
Ah, y las lucas, pero lo importante es que dijo que sí.
Ahora solo faltaba hacer la campaña
Con Pedro confirmado, comenzó una carrera contra el reloj.
Las ideas todavía se estaban escribiendo, corrigiendo y discutiendo. Cambiaban de lugar, las frases se ajustaban y cada reunión terminaba con una nueva versión que, por supuesto, era “la definitiva” hasta que aparecía otra versión definitiva veinte minutos más tarde.
El miércoles, Pedro fue nuevamente a nuestra oficina para afinar los últimos detalles. Lo pasamos a buscar y, durante el trayecto, seguimos conversando sobre la campaña, la marca y todo lo que queríamos grabar apenas 48 horas después. Además de una cháchara entretenida y fuera de la pega.
Le mostramos nuestras piezas, el tono con el que hablamos, las cosas que hacemos como Zapping y algunas de esas maquetas que probablemente se entienden mucho mejor cuando uno las ve que cuando intenta explicarlas con palabras. Pedro estaba fascinado. Preguntaba, comentaba e involucraba hasta pocas horas antes, antes cuando todavía estaban siendo discutidos por el equipo.

Todo avanzaba… pero había solamente un pequeño problema.
El clima.
Poseidón también quiso participar en la producción
Durante esos días, los pronósticos del tiempo comenzaron a anunciar la llegada de un temporal que, dependiendo del noticiario que uno estuviera viendo, podía ir desde “lluvias intensas” hasta “EL PEOR TEMPORAL DESDE 1997”.

Se hablaba de calles anegadas, vientos, precipitaciones históricas y un viernes que parecía diseñado específicamente para impedir una grabación publicitaria.
Nosotros, mientras tanto, intentábamos mantener la calma. O fingirla.
La campaña debía grabarse sí o sí. El Mundial estaba terminando y todavía necesitábamos producir, editar y lanzar todo. No había margen para mover la fecha una semana. Mientras las noticias anticipaban un escenario digno de la película “El día después de mañana”.
Y sí, el viernes llovió. A ratos con fuerza y a ratos de manera más tranquila, pero nunca lo suficiente como para impedir que llegáramos al estudio. Aprovechamos una de esas ventanas en que el cielo parecía respirar y conseguimos trasladarnos.
La grabación podía comenzar.

De las nueve a las cuatro, casi sin pausa de hidratación
El rodaje se realizó en un estudio de televisión y comenzó cerca de las nueve de la mañana. Afuera seguía lloviendo. Adentro, Pedro se puso frente a las cámaras y la idea que había vivido durante años en nuestras mentes comenzó a materializarse.
Desde el primer momento dejó claro algo que todos quienes han trabajado con él probablemente ya saben: Pedro es extremadamente profesional y puntual. Llegó preparado, revisó los textos y se metió de lleno en la grabación.
También hizo una solicitud bastante particular: quería grabar todo de corrido, sin pausa para almorzar.
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No porque en Zapping tengamos prohibido comer, ni porque nuestro presupuesto alcanzara solo para unas crackelet con queso philadelphia. Pedro quería terminar temprano porque después debía irse a Radio Agricultura a hacer su programa diario y, si había una posibilidad de llegar puntualmente, la iba a aprovechar.
Así que seguimos: grabamos una escena, después otra, corregimos frases, repetimos tomas y aprovechamos cada minuto del estudio.
A eso de las cuatro de la tarde terminamos. Sin pausa de almuerzo, sin suspensión por lluvia y grandes contratiempos, aunque afuera seguía lloviendo a cántaros.
Pedro se puso su terno, nos tomamos las fotos de rigor y partió rumbo a la radio.

De una idea olvidada a una campaña real
Más tarde, Pedro volvió a contactarnos. Nos agradeció la jornada, nos contó que había llegado bien a su casa y quedó esperando, igual que nosotros, el estreno de la campaña. (bueno, el estreno de la campaña y el cheque, naturalmente. Porque las ideas pueden ser románticas, pero la transferencia bancaria también forma parte de la industria publicitaria).
Así terminó una semana que había comenzado con un equipo intentando encontrar una campaña post-Mundial y que terminó con Pedro Carcuro convertido oficialmente en rostro de Zapping.
Pero no solo. en TV, también en micros, metro, señaléticas, etc.

La idea había esperado tres años. La campaña, en cambio, se gestó prácticamente en dos semanas: apareció en una reunión, se reactivó con un WhatsApp, avanzó gracias a una llamada telefónica, se cerró en un café, se confirmó un sábado y se grabó pocos días después, mientras Santiago se preparaba para un temporal que amenazaba con mandarlo todo al alargue.
A veces las ideas no llegan tarde. Solo están esperando el momento correcto.
La de Pedro Carcuro y Zapping estuvo guardada durante años, juntando polvo en el fondo de un cajón. Pero cuando finalmente llegó su oportunidad, no hubo que explicar demasiado.
¿Y cómo quedó el spot final? Tus deseos son órdenes:
BONUS TRACK: Making of/ Detrás de cámara / Lo que no se vio / Chascarros:
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